Cómo hacer una performance el 29M sin querer

Como explica Guillem Martínez en su artículo de Elpaís, la huelga no fue solo una convocatoria para personas sindicadas, sino un acto de protesta ciudadana en el que participamos muchas: precarios, autónomas, explotados, cansadas, hastiados, preñados (futuros padres) e, incluso gente estúpida como la que escribe esto, que confundieron la “etiqueta” dando pie a esta reflexión y muchas risas.

Pocas ocasiones tendremos durante esta maestría de evaluar cómo las redes facilitan la comunicación ciudadana, cómo surgen mil nodos de información y, en suma, cómo podemos participar en la acción social como la que supone la pasada Huelga General.

En Toma la Huelga nos animaban a compartir cada una de la convocatorias, fiestas y demás, que se hubieran acordado en las asambleas de barrios. Así lo hicimos.

Introduje en el pad -herramienta de escritura colaborativa on line- las propuestas de mi barrio que, muy pronto, se actualizaron en el sitio antes mencionado.

La diversión está en cómo interpreté esta línea que corté y pegué en el pad: “comida popular de traje (traete lo que tengas a mano y ¡no compres nada ese día!)” (sic).

Tenía previsto no consumir el día 29, también participar en lo que buenamente pudiera. Al leer “comida popular” supe lo que tenía que hacer: nada impediría que en la plaza del barrio se probara una de mis tortillas que superan la célebre disyuntiva “¿con cebolla o sin cebolla?” a golpe de ajetes muy tiernos.

El problema es que fui demasiado literal en la interpretación del mensajecomida popular de traje“.

Me pareció tan divertido vestir un traje, la apropiación de una imagen para subvertirla  -¡disfrazarte del 1%, vestir como los banqueros y los señores que controlan el mundo para celebrar que no los necesitamos!- , que estuve a punto de mover hilos paternos para conseguir, también, una corbata.

Algo me decía que me equivocaba, que quizá el hecho de acabar de comprar un “traje-pantalón-ganga” por 28, 39 Eurers para parecer seria si me tengo que enfrentar a una entrevista de trabajo o, incluso, para parecer aún más seria en la presentación de mi TFM, estaba nublando mi visión del mundo. Y así fue.

Aparecí en la plaza trajeada y con la rica tortilla recién hecha y cortadita en trozos. Unas 50 personas degustaba viandas sentados en los bancos, escalones, suelo, en un ambiente muy cordial. Por supuesto, nadie llevaba traje.

Tras un tímido acercamiento a los primeros grupos, tras el saludo y la invitación “- ¡Hola! ¡¡¡Feliz jornada!!! Esto es un éxito, hay bastante gente. Acabo de hacer esta tortilla ¿Queréis probar?”. me encontré con miradas desconfiadas y negativas a probar mi aportación al festín.

Nerviosa, seguí paseándome y ofreciendo un bocado con el mismo resultado negativo. Pregunté si había algún sitio donde dejar la comida y uno de los grupos me indicó que no con cierta desgana.

Por un momento no entendí nada. Me sentía ridícula, fuera de contexto y, en cierto modo, indeseada.

Cuando recibí la enésima negativa, decidí abandonar la tortilla a merced de los elementos y largarme con las orejas gachas. Entonces, escuche unas vocecillas: unos niños querían probar. Les gustó tanto que repitieron y se animaron también sus padres. En vista de el éxito infantil, me aproxime a un grupo más alejado en el que había también niños pequeños.

Resulta que ese grupo también me miró raro al principio ¡y eso que eran mis amigos del alma que no me reconocieron! Así de feo es mi traje y así parece que, queramos o no, todos seguimos pensando que el hábito hace al monje.

Esta anécdota puede servir de ejemplo sobre cómo a veces la alteridad se mide por sus rasgos más superficiales y de la importancia de conocer los contextos, el lenguaje y el “habitus“.

Mi mala interpretación de un mensaje, la “comida popular de traje”, en lugar de convertirse en una broma celebrada por todos, me hizo estar fuera de contexto. Mi representación se interpretó como algo negativo. No me gustaría en ningún caso que esto parezca una crítica a las personas allí reunidas, en absoluto. Querría subrayar que, de no ser tan mema y no haber cometido este error, probablemente me hubiese comportado igual. No en vano, soy una más vista como vista o me vean como me vean.

Estar, por una vez, en el lado de “los otros” sin quererlo me invita a pensar hasta qué punto damos importancia a los símbolos y estereotipos, representados aquí por el traje, descuidando la finalidad del mensaje: una jugosa tortilla cocinada con amor para compartir en un acto ciudadano de protesta.

También cabe mencionar cómo la interpretación de los mensajes pude verse perjudicada por la prisa, la presión, la emoción, el miedo… en fin, todo eso que puede nublar la cabeza de una torpe oficinista a la que participar en la huelga supuso malas caras de empleadores, compañeros y otras jamás imaginadas.

La imagen que ilustra este post es una remezcla de un fan-art de la serie “Como Conocí a Vuestra Madre” (How I Met Your Mother); en concreto sobre uno de sus personajes protagonistas -Barney Stinson-, cuya máxima es: “Ponte Traje”.

Cuando queráis, quedamos para tomar un café y hablar sobre prejuicios (burgueses y de nueva cuña). Será una cita a ciegas en la que seguro me reconoceréis:  seré la del trajepantalón subversivo demodé.

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2 comentarios
  1. Sobran las expresiones que usas contra ti, a mi me parece una idea genial que a lo mejor no fue bien difundida, en cualquier caso, creo que has probado lo lejos que puede llegar un prejuicio unido a un estereotipo (y no ha sido nada, eh?). Me encanta leer tu blog!Ánimo!

  2. rubi dijo:

    no entiendo este arte

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